Violetas al ajillo

Últimamente tengo una necesidad preocupante de hacer parejas imposibles (de libros). En la superficie, y las 100 primeras capas, no se parecen en nada pero les encuentro un código común. Al fondo, como las pelis de suspense en las que sabes que al final todo tiene que estar relacionado. Son mensajes cifrados para los que no tengo la clave y puede que este descifrando bien, o no.

Estos expediente X literarios empezaron hace tiempo pero mi ultima recaída ha sido con Violetas Agrestes.  Hasta mis gatas andan sorprendidas con esta relación.

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Me encanta la colección de libros de maestros del Haiku que está publicando la editorial Satori. ¡Soy una adicta! Y cuando anunciaron que publicarían en esa colección una poetisa, me entraron ganas de dar saltitos, acompañados por algún grito de euforia. Cuando tuve en mis manos Violetas agrestes  vi que no había exagerado saltando.

Debo reconocer que mi ansia estaba alimentada por la impaciencia. ¡No podía comprármelo! Esta es otra historia pero os la voy a contar igual . Mi amiga de Paloma de Mollygami, compartió su café con el libro que la había prestado y Tres abuelas y un cocinero muerto resulto ser intolerante al cafe con leche. Paloma me llamó para confesar su crimen pero usando como escudo el  “pero te he comprado violetas agrestes”

Tardamos un poco en quedar, y mientras esperaba a Chiyo, de forma nada paciente,me compré el último libro AJO, la artista que se autodefine como micropoetisa.

Quizás sea esa coincidencia de los dos libros en mi continuo espacio-tiempo particular , pero  ¿es tanta locura ver relación entre una haijin  del Japón del siglo XVIII y una micropoetisa-performance  de Malasaña?

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Olvidemos el concepto de las estaciones, tan determianante en los Haikus, porque por mucha globalización es una caracteristica muy marcada de la cultura japonesa. Pero esa reducción a lo básico,de esa forma tajante y sin florituras. Convertir en poesia lo cotidiano, de aquellos detalles que nos rodean y pasamos inadvertidos, si para Chiyo era un cucliyo, en nuestra ciudad decadente un pajaro asi seria un extraterrestre y nuestra poesia va a parar a los yogures de fresa, como en mi poema favorito de AJO

“No es casualidad que todos los yogures de fresa caduquen el día de mi cumpleaños”

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En realidad yo sigo enamorada de los poemas de ambas. Solo que no me puedo llevar los de Ajo para hacerlos en mis clases de caligrafía, como hago con los de Chiyo

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M. Clover

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Un comentario en “Violetas al ajillo

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